Por Francisca Segovia

Y así nos fue.

Nos creamos una nube de burbujas y no pisamos tierra. Nos quedamos con el sentimiento patriótico y los goles de la clasificación — que no era más que un período de calentamiento. Lo real estaba en el encuentro cara a cara, en la lucha por la Copa del Mundo.

Aquí la cosa no es buscar culpables.

Sin ser muy deportista, pero sí analítica en todos los aspectos de mi vida y de las circunstancias que me rodean, puedo decir que los muchachos no salieron a la cancha a perder. Que Alfaro nos dijo su verdad desde un principio y decidimos no escuchar. Que nos ganó la pasión sobre la razón y que nos hicimos una película en la que vimos al rival como un principiante en el cuadrilátero — como lo fue en un principio — y no quisimos ver que Estados Unidos hace tiempo que juega al fútbol como si fuera un tablero de ajedrez.

Se notó que no hacían ningún movimiento improvisado. Todo iba fríamente calculado. Movían sus piezas de acuerdo a donde los peones del enemigo se dirigían. Los blancos eran los peones, los caballos, los alfiles, el rey…

Y nos hicieron jaque mate.

Ahora lo que resta es inflar el pecho, respirar profundo, reorganizarse y pisar cancha. Bajar de las nubes y ver la realidad.

Si pierden el próximo partido, el Mundial 2026 se acaba en siete días. Así de simple.

A pesar de todo… aún hay una tímida luz al final del túnel.

Con amor y con la Albirroja siempre en el corazón.

— Francisca Segovia

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