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Descubrimiento de ADN en Chichén Itzá revela sacrificios mayas infantiles

05/07/24 – 8:10 A.M

En 1967, durante la construcción de un pequeño aeropuerto cerca de Chichén Itzá, una antigua ciudad maya en México, se descubrieron restos humanos. Los arqueólogos que investigaron el hallazgo encontraron un chultún, un depósito subterráneo de agua de lluvia que los mayas consideraban una entrada al inframundo. Dentro de una cueva conectada al chultún, se hallaron más de 100 restos humanos, casi todos de niños.

Casi 60 años después, el análisis de ADN antiguo extraído de 64 de estos niños ha proporcionado nuevos conocimientos sobre los rituales religiosos mayas y sus conexiones con los descendientes actuales. Un artículo publicado en la revista Nature, por un grupo internacional de investigadores, reveló que los niños, sacrificados entre el 500 y el 900 d.C., eran mayas locales, posiblemente seleccionados para el sacrificio en parejas de hermanos.

El estudio genético de estos niños mayas comenzó con el objetivo de investigar el legado genético de la pandemia más devastadora de Mesoamérica. En 1545, un brote de Salmonella enterica se extendió por la región que hoy es México, diezmando hasta el 90 por ciento de la población indígena.

Las pandemias suelen dejar marcas en los genes inmunológicos de los sobrevivientes. En la década de 2000, Rodrigo Barquera, ahora inmunogenetista en el Instituto Max Planck, y sus colegas trataron de descubrir este legado genético comparando el ADN de restos precoloniales con el de personas nacidas después de la pandemia.

Los niños encontrados en el chultún representaban un grupo precolombino que nunca experimentó la pandemia. En 2015, el equipo recibió permiso para destruir pequeñas porciones de los cráneos para secuenciar el ADN, encontrando que los 64 cráneos pertenecían a varones.

“Repetimos las pruebas varias veces porque no podíamos creer que todos fueran niños varones”, dijo Barquera.

Pruebas genéticas posteriores mostraron que muchos de los niños estaban emparentados, incluyendo dos pares de gemelos idénticos. No se sabe por qué estos niños fueron seleccionados para el sacrificio, pero es posible que se eligieran hermanos o parientes cercanos para reflejar los ciclos de sacrificio y renacimiento de los Héroes Gemelos en la cosmología maya.

Barquera y su equipo compararon el ADN de los niños con el de mayas modernos de Tixcacaltuyub, un pueblo cercano a Chichén Itzá, encontrando una fuerte continuidad genética entre ambos grupos. La pandemia de 1545 dejó una marca en los mayas, otorgando a los residentes de Tixcacaltuyub al menos una variante genética relacionada con la inmunidad a la salmonella.

Barquera y sus colegas viajaron a Tixcacaltuyub para compartir sus hallazgos con las escuelas y participantes del estudio, quienes se mostraron encantados de confirmar su parentesco genético con los constructores de Chichén Itzá.

“La gente que vive cerca de estos sitios arqueológicos pregunta: ‘¿Por qué se respeta tanto a los constructores de estos sitios mientras se trata a los pueblos indígenas actuales como inferiores?’”, comentó Barquera. Ahora pueden decir: “Somos descendientes de quienes construyeron estas pirámides. Así que dejen de ser racistas con nosotros”.

Fuente: El Tiempo
Foto: Wikipedia

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