Cuidar a un perro también exige comprender su lenguaje, advierte un educador canino

El educador canino Andreu explicó en el pódcast Aquí se escucha que una convivencia sana requiere comprender las señales del animal. Mover la cola o lamer a una persona puede tener distintos significados, por lo que recomienda observar el contexto y evitar conclusiones basadas en un gesto aislado.

Alimentar, pasear y cuidar a un perro son responsabilidades esenciales, pero conocer sus necesidades también implica comprender cómo se comunica. Así lo plantea el educador canino Andreu, quien explicó en el pódcast Aquí se escucha que interpretar sus comportamientos únicamente desde una perspectiva humana puede generar malentendidos.

“Tener un perro no es solo cuidarle, darle de comer y pasearlo, tienes que conocerlo como animal”, sostuvo. Su reflexión pone el foco en aprender a observar las señales del perro y entender que un mismo gesto puede expresar emociones diferentes.

El cuidado también incluye comprender su comportamiento

Compartir la casa y las rutinas no significa que las personas y los perros perciban las situaciones de la misma manera. Para Andreu, reconocer esa diferencia es parte de una convivencia responsable.

El educador insiste en que atender las necesidades básicas debe acompañarse de un esfuerzo por comprender el lenguaje corporal del animal. Eso permite responder de forma más adecuada a lo que está expresando, en lugar de atribuirle automáticamente una intención humana.

Su planteamiento invita a prestar atención al perro como individuo y a las circunstancias en las que aparece cada conducta.

Mover la cola no tiene un único significado

Uno de los ejemplos que utiliza es el movimiento de la cola, asociado habitualmente con felicidad o entusiasmo. Sin embargo, según explica, también puede aparecer en situaciones de frustración, miedo o ansiedad.

Por eso, ver que un perro mueve la cola no basta para concluir que está cómodo o contento. El significado depende de lo que sucede alrededor y del conjunto de señales que muestra.

Interpretar un movimiento de manera aislada puede llevar a pasar por alto el malestar del animal. La observación debe abarcar la situación completa.

Las personas también deben aprender a leer las señales

Andreu describe la comunicación canina como instintiva e innata y subraya la responsabilidad de quienes conviven con el animal.

Desde su perspectiva, las personas necesitan aprender a reconocer esas señales y ajustar su respuesta. La pregunta, explica, es si actúan de una manera compatible con lo que el perro está comunicando.

Ese aprendizaje exige observar y formarse. No alcanza con asumir que el animal está expresando lo que su dueño espera o desea interpretar.

Un lamido durante el llanto admite distintas lecturas

Otro ejemplo aparece cuando una persona está triste o llorando y el perro se acerca a lamerle la cara. Muchas personas entienden ese gesto como una muestra de cariño o consuelo.

Andreu reconoce que, en determinados contextos y según el vínculo, puede interpretarse como una conducta de acercamiento o apoyo. Pero advierte que esa explicación no sirve necesariamente para todos los casos.

También plantea la posibilidad de que el perro reaccione ante una situación emocional que le resulta incómoda y que el lamido sea una forma de intentar que se calme o se detenga.

El contexto evita conclusiones apresuradas

La explicación del educador tampoco permite concluir que lamer sea una señal de rechazo o ausencia de afecto. Su argumento es que una misma conducta puede cumplir funciones diferentes.

Para comprenderla, importa observar qué ocurrió antes, cómo se desarrolla la interacción y cuál es el vínculo entre el perro y la persona. El gesto, por sí solo, no ofrece una respuesta definitiva.

La propuesta de Andreu es incorporar esa atención a la convivencia cotidiana: reconocer las diferencias entre especies, respetar la naturaleza del perro y aprender a interpretar sus señales sin reducirlas a una sola explicación.

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