China intensifica su guerra por la opinión pública global con tácticas digitales inspiradas en Rusia

Una investigación internacional revela la existencia de una compleja red de sitios web, cuentas coordinadas y campañas de influencia vinculadas al Partido Comunista Chino.

El objetivo es fortalecer la imagen de Beijing, desacreditar a sus críticos y expandir su influencia en el escenario global mediante estrategias similares a las utilizadas por Rusia. La competencia entre las grandes potencias ya no se libra únicamente en el plano militar, económico o tecnológico. Cada vez con más intensidad, la batalla se desarrolla en el terreno de la información, donde China busca ampliar su capacidad de influencia global a través de sofisticadas operaciones digitales orientadas a moldear la opinión pública internacional.

Diversos informes recientes señalan que Beijing está adoptando mecanismos de propaganda y desinformación similares a los utilizados por Rusia durante los últimos años, incorporando herramientas tecnológicas avanzadas, redes de difusión coordinadas y plataformas diseñadas para amplificar narrativas favorables a sus intereses geopolíticos.

Una estrategia contemplada en los planes de Beijing

El fortalecimiento de la influencia internacional forma parte de los objetivos estratégicos impulsados por el gobierno de Xi Jinping. Dentro de los planes de desarrollo del país, la expansión de la presencia china en el debate global es presentada como una necesidad para contrarrestar lo que el régimen considera una visión dominada por intereses occidentales.

Esta estrategia no se limita a campañas de comunicación tradicionales. También incluye la construcción de ecosistemas digitales capaces de difundir mensajes alineados con el Partido Comunista Chino y reforzar narrativas favorables en diferentes regiones del mundo.

En apariencia, gran parte de los contenidos se presentan como información neutral, análisis internacionales o publicaciones culturales. Sin embargo, detrás de muchas de estas iniciativas existe una estructura diseñada para posicionar determinadas perspectivas políticas y geopolíticas.

Operación Glass Onion: el entramado digital bajo la lupa

Uno de los hallazgos más relevantes fue presentado por la firma de análisis digital Graphika mediante una investigación denominada «Glass Onion».

El informe describe una extensa red de sitios web, portales informativos y subdominios que imitan el diseño y la apariencia de medios de comunicación legítimos. Estas plataformas publican contenidos favorables a China, artículos críticos hacia sus adversarios y mensajes destinados a reforzar determinadas posiciones internacionales.

Según la investigación, muchos de estos sitios comparten infraestructura tecnológica, diseños similares, sistemas de administración comunes y mecanismos destinados a ocultar su verdadero origen.

La estrategia busca generar credibilidad entre los usuarios y facilitar la circulación de información sin que el lector identifique inmediatamente quién está detrás del contenido.

El rol de las empresas privadas y la tercerización

Uno de los aspectos más llamativos de la operación es la participación de compañías privadas de marketing digital, relaciones públicas y comunicación estratégica radicadas en China.

Estas empresas serían contratadas para diseñar campañas, desarrollar contenidos, administrar sitios web y coordinar la difusión de mensajes en redes sociales.

Este modelo permite crear una distancia formal entre las autoridades estatales y las operaciones digitales, dificultando la atribución directa de responsabilidades. Sin embargo, los investigadores sostienen que los patrones técnicos, las temáticas abordadas y la coordinación observada reflejan una conexión estructural con los intereses del régimen chino.

Spamouflage: la maquinaria de amplificación

La difusión de contenidos no depende únicamente de los sitios web creados para estas campañas.

Las investigaciones apuntan también a la utilización de amplias redes de cuentas coordinadas en plataformas como X, Facebook, YouTube y otras redes sociales. Estas estructuras son conocidas bajo nombres como Spamouflage o Dragonbridge.

Su función principal consiste en amplificar mensajes, compartir artículos, replicar publicaciones y generar la sensación de respaldo masivo a determinadas narrativas.

Mediante esta técnica, los contenidos adquieren una apariencia de popularidad espontánea cuando en realidad forman parte de una estrategia organizada de distribución digital.

Narrativas positivas y campañas contra opositores

Las campañas no se enfocan exclusivamente en promover una imagen positiva de China. También buscan desacreditar a críticos del régimen y organizaciones consideradas incómodas por Beijing.

Entre los principales objetivos aparecen activistas, disidentes políticos, defensores de derechos humanos y movimientos religiosos prohibidos dentro del territorio chino.

Los investigadores identificaron contenidos destinados a cuestionar la credibilidad de estos grupos mientras se presentan al gobierno chino como víctima de campañas internacionales de desinformación o persecución política.

Esta combinación de promoción y ataque constituye uno de los pilares de la estrategia comunicacional desplegada por el régimen.

Similitudes con las operaciones rusas

Los especialistas destacan numerosas similitudes entre las tácticas chinas y las utilizadas por Rusia en campañas como Doppelganger.

Ese modelo ruso se caracteriza por la clonación de medios de comunicación, la creación de páginas falsas y la difusión de información manipulada para influir en procesos políticos y debates públicos.

China parece haber adoptado una lógica similar, adaptándola a sus propios objetivos geopolíticos y ampliando su alcance mediante una infraestructura tecnológica cada vez más sofisticada.

La principal diferencia radica en que Beijing suele combinar estas acciones con campañas destinadas a fortalecer su imagen internacional como potencia tecnológica, económica y diplomática.

América Latina, un escenario cada vez más relevante

Los expertos advierten que América Latina podría convertirse en una de las regiones más expuestas a este tipo de operaciones durante los próximos años.

La fragmentación del ecosistema mediático, el crecimiento de las redes sociales como principal fuente de información y la polarización política generan condiciones favorables para la circulación de contenidos manipulados.

Si bien la presencia de campañas vinculadas a China resulta menos visible que las operaciones atribuidas a Rusia, los investigadores sostienen que las capacidades de influencia de Beijing continúan expandiéndose de manera sostenida.

El desafío para las democracias

La creciente sofisticación de estas operaciones plantea desafíos importantes para gobiernos, medios de comunicación y plataformas tecnológicas.

La utilización de sitios falsos, redes coordinadas y mecanismos de ocultamiento dificulta la identificación del origen de los contenidos y complica las tareas de verificación.

Al mismo tiempo, los especialistas advierten sobre otro riesgo: atribuir sin pruebas cualquier fenómeno político o social a una supuesta injerencia extranjera puede terminar debilitando la confianza pública y generar nuevas formas de desinformación.

Por ese motivo, los analistas coinciden en que la mejor respuesta sigue siendo fortalecer la transparencia, el periodismo profesional y los sistemas de verificación de información.

La disputa por la influencia global ya no se desarrolla únicamente en los despachos diplomáticos o en los mercados internacionales. Hoy también se libra en redes sociales, motores de búsqueda y plataformas digitales, donde la información se ha convertido en una de las herramientas de poder más importantes del siglo XXI.

Fuente: Infobae

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