“Cachique Albirrojo”: el legado de Alfonso González Medina entre la cancha, el trabajo y el patriotismo

Del humilde inicio en el Chaco paraguayo a la camiseta roja, su actividad hoy —vendiendo pelotas y vistiendo los colores de la patria— tiene un norte claro: despertar en jóvenes y niños el amor por el deporte y el país.

1. Orígenes y primeros pasos

Alfonso González Medina nació en Puerto Pinasco (Departamento de Presidente Hayes), en la región del Chaco paraguayo. Su infancia la describe como “buena, pero sacrificada”: hijo de madre soltera que crió a varios hermanos sola.
Durante su niñez vivió el traslado de la familia hasta Puerto Casado, puesto que su madre consiguió trabajo como asistente de cocina en el Instituto de Previsión Social de aquella localidad. Allí, además de asistir a la escuela, él y su hermano mayor debían colaborar: vendían chipa y pan casero que su madre preparaba en sus ratos libres.
Fue en esa época que el fútbol entró en su vida: mientras vendía por los alrededores, él se acercó a una cancha de su ciudad, observó entrenamientos y sintió gusto inmediato por el deporte.


2. El descubrimiento del deporte y los logros juveniles

A los 14 años, González participó en una competencia interescolar entre varias delegaciones de la ribera —resultó campeón en la modalidad fútbol de salón en Puerto Casado y vicecampeón en fútbol de campo— lo que, según él, fue su experiencia más emocionante como joven futbolista.
Al cumplir 15 años, debido a la creciente del río Paraguay, su familia se trasladó a Barcequillo, San Lorenzo. Allí empezó a trabajar en una carpintería en Asunción, haciendo trabajos variados (carpintería, pintura) para salir adelante.
En 1983 vuelve a Puerto Casado pues su hermano menor debía ir al Cimefor, y poco después cambiaría de rumbo nuevamente en su carrera deportiva.


3. La era de jugador: “Oriental” de Vallemí

En 1987, gracias a contactos que había establecido en el camino, González llegó a la ciudad de Vallemí para jugar como delantero en el club Club Oriental, recién fundado en la décimo tercera región deportiva.
Ese mismo año logró coronarse campeón con el Oriental. Permaneció en Vallemí hasta 2006 como jugador, periodo en el que se consolidó como goleador. En paralelo, el vínculo con la industria local —la Industria Nacional del Cemento (INC) en Vallemí— le permitió acceder a empleo como carpintero en la empresa, hecho que lo estableció laboralmente por 33 años.


4. El “Cachique Albirrojo”: un apodo, una identidad

Durante sus años de fútbol y trabajo, sus compañeros comenzaron a llamarlo “Cachique”: el que “comandaba” al equipo. Así nació ese apodo.
En 2017, cuenta González, se pintó la cara con una pluma como cacique mientras trabajaba y ese gesto fue adoptado como parte de su identidad pública. Desde entonces se viste como “Cachique Albirrojo” para apoyar a la Selección Paraguaya de Fútbol y participar activamente en partidos internacionales, y sueña con poder asistir a un Mundial.


5. Su labor actual: patriotismo, deporte y comunidad

Tras jubilarse de la INC en 2020, González se dedicó a vender pelotas de fútbol en el centro de Villeta, vestido como el “Cachique Albirrojo”.
Sin embargo, su actividad va más allá del comercio: su objetivo declarado es fomentar el patriotismo entre niños y jóvenes y despertar interés en el deporte, “para que sientan orgullo por el país y el fútbol”, según sus propias palabras.
Visita colegios y participa de eventos donde transmite ese mensaje de amor por la patria y por la práctica deportiva.


6. Importancia y repercusiones

  • Su trayectoria representa un doble símbolo: el de integridad laboral tras años de trabajo en la industria del cemento y el de la perseverancia deportiva desde condiciones modestas hasta el logro colectivo.
  • La figura del “Cachique Albirrojo” fusiona identidad, vestimenta y acción social: al apropiarse de un apodo y transformarlo en una misión, se posiciona como un ejemplo para su comunidad.
  • En un momento en que muchas iniciativas de juventud buscan escapar del deporte, su enfoque en inculcar patriotismo y deporte abre una alternativa desde lo local: juegos, valores, pertenencia.
  • Además, su historia trae a colación la vinculación entre deporte amateur/interior y comunidad laboral-industrial, mostrando cómo los espacios de trabajo también pueden devenir en circunstancias de desarrollo social.

La historia de Alfonso González‑Medina nos invita a ver que el deporte no siempre empieza en grandes estadios ni con grandes presupuestos: puede nacer en una cancha de barrio, en la venta de chipa, en el esfuerzo de una madre sola. También nos recuerda que la “patria” puede expresarse de muchas maneras: en la camiseta roja, en la visita a un colegio, en la sonrisa de un niño que empieza a jugar al fútbol. Con su corona de cacique y su pelota al hombro, el “Cachique Albirrojo” construye una patria viva, caminando en Villeta, con sello guaraní.


Fuentes

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