Qué pasa con el sueño adolescente cuando el celular se queda en el dormitorio
Cerca de tres de cada cuatro estudiantes de secundaria en Estados Unidos dormían menos de ocho horas en las noches de escuela en 2023. Los estudios vinculan ciertos hábitos digitales nocturnos con un descanso más corto, mientras que el reloj biológico y la hora de entrada a clases también influyen.

El 36% de los adolescentes de entre 13 y 17 años en Estados Unidos utiliza redes sociales de forma casi constante (Imagen Ilustrativa Infobae)
El celular puede seguir ocupando parte de la noche aun después de que un adolescente se haya acostado. Responder mensajes, revisar redes o dejar el timbre encendido son hábitos que un estudio vinculó con menos horas de sueño y más alteraciones del descanso.
Contar las horas de pantalla ayuda a conocer cuánto tiempo pasan conectados los adolescentes, pero deja fuera datos que importan para entender cómo duermen: a qué hora usan el dispositivo, qué hacen con él y si lo tienen al alcance cuando intentan dormir.
Tres de cada cuatro estudiantes duermen menos de ocho horas
En 2023, apenas uno de cada cuatro estudiantes de secundaria en Estados Unidos declaró dormir al menos ocho horas en una noche escolar promedio, según la encuesta Youth Risk Behavior Survey de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Un análisis publicado en JAMA situó en 76,8% la proporción de estudiantes que dormían menos de ocho horas en las noches de clase en 2023. El análisis también señaló que esa proporción venía aumentando desde 2007.
Más de un tercio usa alguna plataforma casi constantemente
El informe Teens, Social Media and AI Chatbots 2025, del Pew Research Center, encontró que el 36% de los jóvenes estadounidenses de 13 a 17 años usaba al menos una de las plataformas analizadas de manera casi constante. La encuesta incluyó TikTok, YouTube, Instagram, Snapchat y Facebook.
Esa cifra muestra hasta qué punto las plataformas forman parte de la rutina adolescente. Para entender su relación con el sueño, sin embargo, importa saber cuánto de ese uso ocurre al final del día, cuando una conversación, un juego o una cadena de videos puede retrasar la hora de dormir.
Qué encontró el estudio sobre los hábitos digitales nocturnos
Una investigación publicada en el Journal of Adolescent Health examinó los hábitos de 9.398 preadolescentes estadounidenses de 11 y 12 años y analizó su relación con el descanso un año después. Hablar por teléfono, enviar mensajes, usar redes sociales, escuchar música y dejar el timbre encendido se asociaron con un sueño más corto o con más alteraciones del descanso.
Tener un televisor o un dispositivo conectado a internet en el dormitorio también se vinculó con menos horas de sueño a lo largo de la semana. Los hallazgos describen asociaciones: el estudio no demuestra que cada uno de esos hábitos provoque por sí solo dificultades para dormir.
Lo que pasa en la pantalla también importa
Responder mensajes o participar en un juego exige una atención distinta de la que requiere escuchar un contenido sin interactuar con la pantalla. Pasar de una aplicación a otra también puede hacer que el uso se extienda más allá de la hora prevista para acostarse.
Cuando el teléfono queda al alcance en la cama, una alerta o un mensaje puede interrumpir la desconexión y dar pie a otra revisión. Por eso, para entender una rutina nocturna conviene mirar tanto el horario y la actividad como el tiempo total de uso.
El reloj biológico cambia durante la pubertad
La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño explica que, durante la pubertad, el ritmo circadiano tiende a retrasarse. Ese reloj interno regula los ciclos de sueño y vigilia, y su cambio ayuda a explicar por qué muchos adolescentes sienten sueño más tarde y tienen dificultades para dormirse temprano.
La organización recomienda que los jóvenes de 13 a 18 años duerman regularmente entre ocho y diez horas por noche. Cuando el sueño llega tarde y la jornada escolar obliga a madrugar, el tiempo disponible para alcanzar ese rango se reduce.
La hora de entrada a clases también influye
La academia recomienda que las escuelas medias y secundarias comiencen a las 8:30 de la mañana o más tarde. Según la entidad, distintos estudios han asociado esos horarios con más tiempo de sueño, menos somnolencia durante el día y una reducción de las llegadas tarde y las ausencias.
El horario escolar ayuda a entender por qué el descanso adolescente no depende únicamente de lo que ocurra con el celular. La hora de levantarse puede estar fijada por las clases, incluso cuando el reloj biológico dificulta conciliar el sueño más temprano.
Qué hábitos se pueden ajustar en casa
La academia aconseja reducir el uso de dispositivos electrónicos cerca de la hora de dormir y mantener horarios de descanso estables durante la semana. Dejar el celular fuera del dormitorio, silenciar el timbre y acordar una hora para desconectarse son cambios concretos que pueden incorporarse a la rutina familiar.
Estas medidas apuntan a reducir las interrupciones nocturnas y a evitar que el tiempo en la cama se convierta en más tiempo frente a la pantalla. Si los problemas de sueño persisten, las pautas de rutina no sustituyen una evaluación profesional.
Fuente: Infobae