La reserva petrolera de Estados Unidos cae a mínimos de 43 años y enciende las alarmas
Las reservas estratégicas estadounidenses bajaron de los 300 millones de barriles, su menor nivel desde 1983. La guerra con Irán, las dificultades en el estrecho de Ormuz y el aumento del combustible elevan la presión económica y electoral sobre Donald Trump.

La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos, concebida como un seguro frente a guerras y grandes interrupciones energéticas, cayó por debajo de los 300 millones de barriles.
Se trata del nivel más bajo desde enero de 1983, cuando el Gobierno federal todavía comenzaba a llenar sus depósitos. A principios de 2026, las existencias alcanzaban aproximadamente 415 millones de barriles.
La reducción ocurre mientras continúa la guerra con Irán y persiste la incertidumbre sobre el tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo.
El escudo creado después de una crisis histórica
Estados Unidos creó la reserva tras el embargo petrolero de 1973, que provocó un aumento cercano al 300% en el precio del crudo. Su finalidad original era garantizar el suministro nacional durante una emergencia grave.
El petróleo está almacenado en 63 cavernas subterráneas de sal distribuidas entre cuatro instalaciones de Luisiana y Texas. La capacidad total supera los 700 millones de barriles.
En diferentes momentos, Washington utilizó parte de esas existencias para responder a la guerra del Golfo, el huracán Katrina, la guerra civil en Libia y las consecuencias energéticas de la invasión rusa de Ucrania.
Las mayores liberaciones llegaron con Ucrania e Irán
En marzo de 2022, la administración de Joe Biden autorizó la salida de 180 millones de barriles para contener las alteraciones provocadas por la guerra en Ucrania y el aumento de los precios internos.
Cuatro años después, Donald Trump ordenó liberar otros 172 millones de barriles ante las restricciones iraníes al tránsito por Ormuz. La operación formó parte de una respuesta internacional para movilizar 400 millones de barriles de crudo y productos refinados.
Estas decisiones ayudaron a sostener el mercado, pero también redujeron con rapidez el volumen disponible para enfrentar futuras emergencias.
El debate sobre el límite operativo
Algunos especialistas de la industria sitúan en 250 millones de barriles el nivel mínimo necesario para mantener una extracción rápida y segura. Por debajo de esa cifra, el bombeo podría volverse más lento y aumentar el riesgo para las cavernas.
El Departamento de Energía rechaza esa estimación y sostiene que el mínimo operativo conservador ronda los 70 millones de barriles, equivalente aproximadamente al 10% de la capacidad total.
El profesor Siddharth Misra explicó que esa cantidad representa el límite físico indispensable para mantener los tubos de extracción sumergidos. Llegar hasta allí dejaría la reserva en una situación prácticamente imposible de reconstruir.
Tres escenarios si continúa el ritmo de extracción
Las proyecciones incluidas en el informe son hipotéticas y dependen de que las liberaciones continúen al mismo ritmo. Bajo ese supuesto, la reserva podría caer por debajo de los 250 millones de barriles en octubre de 2026.
El segundo escenario sitúa el descenso hasta los 70 millones en junio de 2027. Un agotamiento completo podría producirse en septiembre de ese mismo año, aunque requeriría nuevas autorizaciones presidenciales.
La legislación federal no establece un volumen mínimo obligatorio. Por esa razón, la decisión de continuar utilizando las reservas queda vinculada a consideraciones energéticas, geopolíticas y políticas.
Los inventarios privados todavía resisten
Las reservas comerciales de las refinerías y empresas privadas permanecen en niveles considerados normales. Sin embargo, parte de esa estabilidad depende precisamente del petróleo liberado por el Gobierno.
Los barriles de la reserva estratégica compensan el suministro que no llega al mercado por las dificultades en Ormuz. Si las entregas oficiales se detienen y la escasez continúa, la presión podría trasladarse rápidamente a los depósitos comerciales.
Estados Unidos produce una cantidad considerable de petróleo e importa poco desde el golfo Pérsico. Aun así, los precios se forman en un mercado mundial, por lo que una crisis internacional también afecta a sus consumidores.
El diésel aumenta la presión económica
El precio del diésel pasó de 5,26 dólares por galón durante la semana del 8 de agosto a 5,45 dólares el 17 de agosto. El incremento fue del 3,61% en nueve días.
La suba afecta directamente al transporte, la producción y la distribución de mercaderías. La gasolina también registró aumentos, aunque de menor magnitud.
Una prolongación de la crisis podría trasladarse a otros precios y empeorar la percepción de los estadounidenses sobre la economía.
El petróleo venezolano ofrece una ayuda limitada
La flexibilización de las sanciones permitió redirigir una parte mayor del crudo venezolano hacia las refinerías estadounidenses del golfo de México.
La producción de Venezuela alcanzó 1,07 millones de barriles diarios en mayo, de los cuales 471.000 se enviaron a Estados Unidos. Es el mayor volumen registrado desde 2019.
Sin embargo, el deterioro de la infraestructura y la falta de inversiones limitan una recuperación rápida. Por ahora, el petróleo venezolano puede complementar la reserva estadounidense, pero no reemplazarla completamente.
Un riesgo político para Trump
El encarecimiento de los combustibles podría convertirse en un problema para Donald Trump antes de las elecciones legislativas de noviembre, cuando estará en juego el control del Congreso.
La proximidad de esos comicios aumenta la presión para mantener los precios internos bajo control. Al mismo tiempo, reduce el margen del Gobierno para detener las liberaciones y comenzar a reconstruir las existencias.
Reponer la reserva será más lento que vaciarla. Además, comprar grandes cantidades en un mercado con precios elevados podría impulsar nuevas subas, especialmente si otros países también intentan reconstruir sus depósitos.
Estados Unidos enfrenta así una decisión difícil: continuar utilizando su seguro petrolero para contener la crisis actual o conservar parte de las existencias para una emergencia futura todavía más grave.
Fuente: biobiochile.cl