Los salarios vuelven a perder contra la inflación y millones sienten que el dinero no alcanza
La inflación anual en Estados Unidos, alcanzó el 3,4% en julio y superó el aumento del 3,2% en los salarios por hora. Un estudio basado en 16 millones de trabajadores señala que una parte importante de la fuerza laboral todavía no recuperó las pérdidas sufridas desde la pandemia.

Los salarios de los trabajadores estadounidenses volvieron a crecer por debajo de la inflación, reduciendo nuevamente su capacidad para comprar bienes y servicios.
El problema no comenzó este año. Una parte importante de la fuerza laboral todavía arrastra las pérdidas provocadas por el fuerte aumento de los precios después de la pandemia.
Los precios volvieron a superar los salarios
En julio, el Índice de Precios al Consumidor registró un aumento interanual del 3,4%.
Durante el mismo periodo, los salarios por hora avanzaron un 3,2%. La diferencia provocó una nueva reducción del salario real, aunque los trabajadores hayan recibido más dinero en términos nominales.
La situación refleja la distancia entre lo que aparece en el recibo de sueldo y lo que realmente puede comprarse con ese ingreso.
Qué significa perder salario real
Un salario nominal es la cantidad de dinero que recibe un trabajador. El salario real muestra cuánto puede adquirir después de considerar el aumento de los precios.
Por ejemplo, si una persona recibe un incremento del 3%, pero el costo de vida aumenta un 4%, su salario real cae un 1%.
Aunque el número impreso en el recibo sea mayor, el trabajador puede pagar menos alimentos, combustible, vivienda y servicios.
El daño de la pandemia todavía continúa
Entre febrero de 2021 y junio de 2022, los salarios reales del trabajador estadounidense promedio cayeron más de un 4%.
Ese periodo coincidió con el aumento inflacionario más fuerte en cuatro décadas. Las subas concedidas por las empresas no alcanzaron a compensar el encarecimiento de la vida.
En diciembre de 2024, el 37% de los trabajadores analizados todavía ganaba menos, después de ajustar sus ingresos por inflación, que cuatro años antes.
Un estudio sobre 16 millones de trabajadores
La investigación fue desarrollada por especialistas de la Universidad de Chicago y ADP.
Los autores analizaron datos mensuales de nómina correspondientes a 16 millones de trabajadores. El estudio permitió observar cómo reaccionaron las empresas ante la aceleración de los precios.
La conclusión fue que muchas compañías mantuvieron sus reglas salariales tradicionales, incluso cuando la inflación exigía ajustes más rápidos y elevados.
Aumentos que quedaron congelados en otra realidad
Antes de la pandemia, los incrementos salariales anuales solían ubicarse entre el 2% y el 4%.
Ese mecanismo funcionaba cuando la inflación permanecía cerca del 2%. Un aumento salarial del 3%, por ejemplo, permitía obtener una mejora real cercana al 1%.
Pero las empresas continuaron utilizando pautas parecidas cuando la inflación alcanzó el 9,1%. Los ajustes moderados dejaron a millones de empleados muy por debajo del aumento de los precios.
La llamada transferencia de inflación
Los investigadores describieron este fenómeno como una “transferencia de inflación”.
Cuando una compañía concede un aumento menor al incremento del costo de vida, el trabajador absorbe parte del impacto mediante la pérdida de poder adquisitivo.
Si la productividad se mantiene, la empresa conserva el rendimiento del empleado mientras paga un salario real menor.
Erik Hurst, profesor de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago y coautor del estudio, relacionó los salarios reales bajos con el aumento de los beneficios empresariales.
La larga sombra del aumento de precios
Hurst sostiene que la inflación posterior a la pandemia dejó una huella que todavía afecta a numerosos hogares.
La recuperación no fue igual para todos. Algunos empleados lograron recuperar el terreno perdido, mientras otros continúan recibiendo ingresos reales inferiores a los que tenían años atrás.
Esto explica por qué muchas personas sienten que su situación económica no mejora, incluso cuando las estadísticas muestran aumentos salariales.
El petróleo aumentó la presión
El encarecimiento del petróleo y la gasolina después del inicio de la guerra con Irán reactivó las presiones inflacionarias durante este año.
El problema no es únicamente la aparición de nuevas subas. Muchos trabajadores llegaron a este ciclo con sus finanzas debilitadas y con poca capacidad para absorber otro aumento del costo de vida.
Para mantener sus gastos esenciales, algunos hogares deben reducir el consumo, utilizar ahorros o asumir nuevas deudas.
Cambiar de empleo ofreció mejores resultados
El estudio encontró que los ingresos de las personas que cambiaron de trabajo acompañaron más de cerca el ritmo de la inflación.
Quienes permanecieron en el mismo puesto recibieron aumentos sujetos a las pautas habituales de sus empresas. Los nuevos contratos, en cambio, reflejaron con mayor rapidez las condiciones del mercado laboral.
La movilidad terminó funcionando como una de las pocas defensas efectivas contra la pérdida salarial.
Una opción que no está al alcance de todos
Cambiar de trabajo puede representar una mejora económica, pero también implica costos personales.
Buscar un nuevo empleo requiere tiempo y esfuerzo. En algunos casos obliga a modificar horarios, trasladarse a otra ciudad o alterar la rutina de toda la familia.
También incorpora incertidumbre y un periodo de adaptación. Por esas razones, no todos los trabajadores pueden abandonar su puesto para protegerse de la inflación.
Cae la confianza de los consumidores
El deterioro económico también afectó el estado de ánimo de los hogares.
La confianza del consumidor medida por la Universidad de Michigan cayó cerca de un 8% en agosto y eliminó la mejora registrada durante los dos meses anteriores.
El repunte de los precios del petróleo y la sensación de retroceso financiero alimentaron el pesimismo de los trabajadores.
Menos bienestar y menor capacidad de ahorro
Cuando los salarios reales caen, las familias deben reorganizar sus prioridades. Los gastos esenciales ocupan una parte mayor de los ingresos y queda menos dinero disponible para ahorrar o realizar compras.
La pérdida no siempre aparece claramente en las cifras mensuales, pero se siente en el supermercado, las estaciones de servicio y el pago de las cuentas.
La inflación volvió así a convertirse en el factor que condiciona las decisiones económicas de millones de trabajadores estadounidenses. Aunque los salarios aumenten, mientras lo hagan por debajo de los precios, la sensación de que el dinero nunca alcanza continuará.
Fuente: Infobae