China plantó 66.000 millones de árboles para detener el avance del desierto

Desde 1978, China construye una enorme barrera forestal para frenar los desiertos de Gobi y Taklamakán. El proyecto mejoró la cobertura vegetal, aunque estudios recientes advierten sobre el envejecimiento de los bosques plantados.

China desarrolla desde 1978 uno de los proyectos de restauración ambiental más grandes del planeta. La llamada Gran Muralla Verde busca frenar la expansión de los desiertos de Gobi y Taklamakán.

Durante décadas, la arena avanzó sobre terrenos agrícolas y provocó tormentas de polvo que llegaron hasta Pekín. Para contenerla, el país comenzó a levantar una extensa barrera forestal en el norte.

Una barrera que atraviesa trece regiones

China plantó alrededor de 66.000 millones de árboles a lo largo de trece provincias y regiones.

El proyecto no ha terminado. Las autoridades planean incorporar otros 34.000 millones de ejemplares hacia mediados de este siglo.

La continuidad durante casi cinco décadas convirtió a esta iniciativa en un experimento ambiental de una escala difícil de igualar.

La cobertura forestal casi se triplicó

En la década de 1970, los bosques cubrían apenas el 5% de la región alcanzada por el proyecto.

Actualmente, la cobertura forestal se acerca al 14%. Al mismo tiempo, la superficie vulnerable a las tormentas de arena disminuyó considerablemente.

Estos resultados muestran que la vegetación puede actuar como barrera frente al viento y ayudar a estabilizar terrenos amenazados por la desertificación.

Los bosques plantados crecen más rápido

Un estudio de la Universidad de Pekín reveló que los bosques creados dentro del proyecto aumentan su masa foliar hasta un 66% más rápido que los naturales.

El rápido desarrollo permite obtener resultados visibles en menos tiempo. Sin embargo, los científicos advierten que esta ventaja no se mantiene de manera indefinida.

El crecimiento comienza a caer

Los bosques artificiales alcanzan su máximo desarrollo entre los 30 y 40 años. Después de ese periodo, su crecimiento comienza a disminuir.

Los bosques naturales avanzan más lentamente, pero mantienen un ritmo constante y presentan mayor resistencia a largo plazo.

Esta diferencia plantea un nuevo desafío para las zonas forestadas durante las primeras etapas del proyecto, cuyos árboles ya se acercan o superan ese límite de edad.

Millones de árboles perdidos por errores

China también comprobó que plantar grandes cantidades no garantiza el éxito. La selección equivocada de especies provocó pérdidas graves en algunas regiones.

En Ningxia, millones de árboles tuvieron que ser talados y quemados después de sufrir plagas relacionadas con las decisiones tomadas durante la plantación.

En Jingbian, hasta el 70% de los álamos plantados no consiguió sobrevivir. Estas experiencias obligaron a revisar las especies utilizadas y su adaptación a cada terreno.

Casi cinco décadas de mantenimiento

El alcance de la Gran Muralla Verde no depende únicamente de los miles de millones de árboles incorporados.

El riego, el cuidado permanente y la reposición de los ejemplares perdidos fueron fundamentales para sostener el proyecto durante casi cinco décadas.

La experiencia china demuestra que la restauración ecológica necesita planificación y conocimiento del suelo. Plantar árboles es solo el comienzo; mantenerlos vivos y elegir las especies adecuadas determina su verdadero impacto a largo plazo.

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