Ocho mil botellas abandonadas se convirtieron en un hogar lleno de luz

Edna y Maria Gabrielly Dantas recolectaron durante dos años más de 8.000 botellas de vidrio en las playas de Itamaracá, Brasil. Cinco años después, los residuos forman parte de una vivienda sostenible de siete habitaciones.

Por Francisca Segovia

En la isla de Itamaracá, en el estado brasileño de Pernambuco, una madre y su hija transformaron miles de botellas abandonadas en las playas en una vivienda sostenible.

Edna Dantas, educadora socioambiental, y Maria Gabrielly Dantas, diseñadora de moda sostenible, decidieron actuar ante la acumulación de residuos provocada por años de turismo sin control.

Un proyecto nacido durante la pandemia

La iniciativa comenzó el 1 de mayo de 2020, cuando las restricciones por la pandemia dejaron las playas prácticamente desiertas.

Sin visitantes, la enorme cantidad de basura acumulada quedó completamente expuesta. Frente a ese paisaje, ambas mujeres comenzaron a recuperar las botellas de vidrio.

Durante dos años recorrieron las playas para recolectar, limpiar y preparar cada pieza. El trabajo permitió reunir más de 8.000 botellas.

Una vivienda de siete habitaciones

Cinco años después del inicio del proyecto, los materiales recuperados dieron forma a una casa de siete habitaciones bautizada como “Casa de Sal”.

La estructura combina una base construida con madera reutilizada y refuerzos de cemento y arena. Los tabiques fueron elaborados con palets.

Incluso el techo incorpora materiales reciclados. Parte de las tejas fue fabricada utilizando tubos vacíos de pasta dental.

Paredes que se iluminan con el sol

Las botellas de vidrio cumplen una función estructural, pero también aportan una característica visual única.

Cuando la luz del sol atraviesa las paredes, el interior se llena de reflejos y colores. Este efecto convierte un material descartado en uno de los elementos más llamativos de la vivienda.

Una respuesta frente a la contaminación

La Casa de Sal demuestra que algunos residuos pueden recibir una segunda oportunidad cuando se combinan creatividad, paciencia y conciencia ambiental.

Las botellas que permanecían abandonadas en la costa dejaron de contaminar el paisaje y pasaron a formar parte de un espacio habitable.

El trabajo de dos generaciones

El proyecto también representa la herencia compartida entre una madre y su hija. Edna aportó su experiencia en educación ambiental, mientras Gabrielly sumó su visión vinculada con el diseño sostenible.

Juntas avanzaron dentro de un sector de la construcción que históricamente ofreció pocas oportunidades a las mujeres.

Mucho más que una casa

En un país donde millones de personas carecen de una vivienda adecuada, la iniciativa se convirtió en un símbolo de aprovechamiento de los recursos disponibles.

La Casa de Sal reúne arquitectura, conciencia ecológica y una historia familiar. Sus paredes muestran que aquello que parecía basura puede transformarse en protección, belleza y hogar.

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