Trump impulsa un masivo festival religioso y reaviva el debate sobre el nacionalismo cristiano en EE.UU.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respaldó un multitudinario festival religioso celebrado este fin de semana en el National Mall de Washington, un evento que volvió a colocar en el centro del debate el creciente peso del nacionalismo cristiano dentro de la política estadounidense.
La actividad, denominada “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, reunió a miles de asistentes y contó con la participación de figuras destacadas de la administración republicana, entre ellas el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth. Durante el encuentro, varios oradores vincularon la identidad y la historia de Estados Unidos con los valores del cristianismo evangélico.
Aunque Trump no asistió presencialmente, envió un mensaje grabado y realizó una lectura bíblica que fue proyectada ante los asistentes. El acto formó parte de las celebraciones previas al 250 aniversario de la independencia estadounidense y estuvo acompañado de música religiosa, oraciones y discursos con un fuerte tono patriótico y conservador.
El evento también generó críticas de sectores políticos, académicos y organizaciones civiles que consideran que este tipo de iniciativas difuminan la separación entre Iglesia y Estado establecida en la Constitución estadounidense. Diversos analistas señalaron que el festival representa una expresión cada vez más visible del nacionalismo cristiano, corriente que sostiene que Estados Unidos fue fundado como una nación esencialmente cristiana y que dichos valores deberían ocupar un rol central en el gobierno y la vida pública.
Según medios estadounidenses, los organizadores esperaban decenas de miles de participantes y defendieron el encuentro como una celebración de la libertad religiosa y de las raíces espirituales del país. Sin embargo, críticos advirtieron que la presencia de altos funcionarios gubernamentales y el uso de recursos públicos podrían reforzar divisiones ideológicas y religiosas en un contexto político ya polarizado.
Fuente original: El País