Segunda ronda de negociaciones en un clima de alta tensión militar

El gobierno de Irán ha confirmado oficialmente que este martes 17 de febrero se llevará a cabo una segunda ronda de negociaciones indirectas con Estados Unidos en Ginebra, Suiza. Este encuentro busca reactivar el diálogo sobre el programa nuclear iraní, el cual ha estado marcado por años de desconfianza y, más recientemente, por un incremento significativo en las amenazas militares y la presencia naval estadounidense en la región.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araqchí, ya se encuentra en territorio suizo encabezando una delegación que incluye expertos técnicos, jurídicos y económicos. Araqchí ha manifestado que Teherán llega a la mesa con «iniciativas reales» para alcanzar un acuerdo que calificó de «justo y equilibrado», aunque advirtió tajantemente que su país no se rendirá ante las amenazas de Washington.

El rol del OIEA y los límites de la negociación

Como antesala a las conversaciones con la delegación estadounidense, Araqchí mantuvo una reunión técnica en Ginebra con Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Este encuentro es crucial, ya que el organismo busca restablecer la cooperación y las inspecciones en las instalaciones atómicas iraníes, especialmente tras los bombardeos sufridos en meses anteriores.

Desde Teherán, el discurso oscila entre la apertura y la firmeza. Por un lado, el viceministro Majid Takht-Ravanachi sugirió que Irán podría comprometerse a diluir su acopio de uranio enriquecido al 60% —casi niveles de uso militar— si Estados Unidos levanta las sanciones económicas que asfixian al país. Sin embargo, Irán ha establecido líneas rojas claras: no aceptará el «enriquecimiento cero» de uranio y se niega rotundamente a incluir su programa de misiles balísticos en la agenda de discusión.

La estrategia de Trump: Diplomacia frente a la «Fase Dos»

Por su parte, la administración de Donald Trump mantiene una postura de «presión máxima» combinada con una aparente disposición al diálogo. Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, ha reconocido que alcanzar un acuerdo es una tarea «muy difícil», el presidente Trump ha enviado un segundo portaaviones al Golfo Pérsico como señal de fuerza.

Trump ha advertido que, de no lograrse un entendimiento diplomático, Estados Unidos pasará a una «fase dos» que describió como «muy dura» para el régimen iraní. En este contexto, el enviado especial Steve Witkoff y el asesor Jared Kushner forman parte del equipo que busca presionar a Teherán para que detenga no solo su avance nuclear, sino también su apoyo a grupos regionales como Hezbolá y Hamás.

Tensiones en el Estrecho de Ormuz

A la par de los esfuerzos diplomáticos en Suiza, la Guardia Revolucionaria de Irán inició maniobras navales en el estratégico Estrecho de Ormuz. Estos ejercicios, denominados «Control Inteligente», son vistos como una demostración de fuerza ante la posibilidad de un bloqueo en una de las rutas petroleras más importantes del mundo, elevando el precio del crudo y añadiendo una capa de complejidad a la mesa de negociación en Ginebra.


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