Bruselas busca destrabar el acuerdo histórico mediante incentivos económicos masivos para los productores europeos, en un intento por desactivar las protestas y convencer a los países reticentes.

La Comisión Europea, bajo el liderazgo de Ursula von der Leyen, ha puesto sobre la mesa una propuesta financiera sin precedentes para apaciguar el creciente descontento en el sector agrario. La medida consiste en el desbloqueo anticipado de 45.000 millones de euros provenientes del próximo Marco Financiero Plurianual (2028-2034) de la Política Agrícola Común (PAC). El objetivo es claro: garantizar el apoyo necesario de los Estados miembros para firmar, tras 25 años de negociaciones, el acuerdo de libre comercio con el bloque del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).

Un salvavidas financiero ante la presión de las calles

La propuesta surge en un momento crítico. Durante las últimas semanas, miles de agricultores en Bélgica, Francia, Italia y España han retomado las movilizaciones y bloqueos de carreteras. El sector denuncia que el acuerdo con el Mercosur permitirá la entrada masiva de productos sudamericanos (como carne bovina, azúcar, arroz y miel) producidos con estándares ambientales y sanitarios menos exigentes que los europeos, lo que consideran una «competencia desleal».

Para contrarrestar esta narrativa, Von der Leyen envió una carta a las autoridades del Parlamento Europeo y del Consejo proponiendo que estos 45.000 millones se movilicen de manera inmediata al inicio del próximo ciclo presupuestario para fortalecer las cadenas de suministro agrícola y compensar a los sectores más vulnerables.

Italia y Francia: El eje de la discordia

El éxito de este «soborno político» —como lo han tildado algunos sectores críticos— depende de convencer a países clave. Italia, bajo el gobierno de Giorgia Meloni, parece estar suavizando su postura. Según fuentes diplomáticas, la promesa de evitar recortes en la PAC y añadir fondos adicionales podría inclinar la balanza a favor del «sí» italiano en la votación decisiva programada para este viernes.

Por el contrario, Francia mantiene una resistencia férrea. El presidente Emmanuel Macron ha reiterado que el tratado «no se puede firmar tal como está», exigiendo cláusulas de salvaguardia más estrictas y controles rigurosos sobre el uso de pesticidas en los productos importados. Polonia también se ha sumado al bloque opositor, priorizando la protección de su mercado interno.

Nuevas concesiones: Fertilizantes y pesticidas

Además del paquete financiero, la Comisión Europea ha anunciado medidas técnicas adicionales para calmar los ánimos:

  1. Suspensión de aranceles a fertilizantes: Se propone eliminar temporal y retroactivamente los impuestos a la importación de amoníaco y urea para abaratar los costes de producción en Europa.
  2. Control de pesticidas: Se prohibirá la presencia en productos importados de tres pesticidas específicos que ya están vetados dentro de la UE, buscando una «reciprocidad» en los estándares de salud.
  3. Simplificación burocrática: Un plan para reducir la carga administrativa que pesa sobre los pequeños y medianos productores europeos.

Cuenta regresiva para la firma en Paraguay

A pesar de las tensiones, la maquinaria diplomática no se detiene. Se especula que, de obtenerse una mayoría cualificada el viernes en Bruselas, Ursula von der Leyen viajaría este mismo lunes 12 de enero a Paraguay para la ceremonia oficial de firma del acuerdo. Sin embargo, el camino no termina ahí: una vez firmado, el tratado deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo, donde se espera una batalla legislativa igual de intensa.


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