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Hegemonía regional y ascenso en el ranking mundial

Brasil se ha consolidado indiscutiblemente como la potencia militar líder en América Latina. Según el último informe de Global Firepower 2025, el país ocupa el puesto 12 a nivel mundial, superando a potencias con conflictos activos como Israel, Irán y Ucrania. Esta posición no es casualidad; responde a una estrategia de Estado que combina una fuerza humana masiva con una inversión financiera que duplica o triplica la de sus vecinos inmediatos.

Con más de 376,000 efectivos activos y una reserva que supera el millón de hombres, Brasil posee el ejército más grande de la región. Sin embargo, su verdadero poder no reside solo en el número, sino en su presupuesto de defensa, que ronda los 22,900 millones de dólares, permitiéndole una autonomía operativa sin precedentes en el Hemisferio Sur.

Autonomía tecnológica: La industria de defensa propia

A diferencia de otros países de la región que dependen exclusivamente de importaciones, Brasil ha desarrollado una robusta industria de defensa nacional. Empresas como Embraer, Avibras y Ares son pilares que permiten al país producir desde aviones de combate hasta sistemas de misiles y vehículos blindados.

Uno de los hitos más recientes es el programa PROSUB, que ha llevado a la botadura de submarinos de clase Scorpene desarrollados con tecnología francesa pero construidos en suelo brasileño. Además, la Fuerza Aérea ha dado un salto cualitativo con la incorporación de los cazas Gripen F-39, fruto de una transferencia tecnológica con Suecia que posiciona a Brasil con una de las aviaciones más modernas del continente.

El submarino nuclear: El arma que cambia las reglas del juego

El proyecto más ambicioso y temido por otras potencias es la construcción del SN Álvaro Alberto, el primer submarino de propulsión nuclear de América Latina. Este sumergible, cuya entrega de componentes críticos está prevista para este periodo 2025-2026, permitirá a Brasil patrullar el «Atlántico Azul» con una autonomía casi ilimitada, ya que no necesita salir a la superficie para recargar combustible.

Esta capacidad coloca a Brasil en un club selecto de naciones (junto a EE. UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia e India) que poseen propulsión nuclear naval, otorgándole un poder de disuasión estratégico que protege sus vastos recursos naturales y su soberanía sobre la Amazonía.

Rol geopolítico y misiones internacionales

El poderío militar brasileño no solo tiene fines defensivos. El país es un actor clave en las misiones de paz de la ONU y ejerce una diplomacia de defensa activa que busca estabilizar la región. Su capacidad logística le permite actuar rápidamente ante crisis humanitarias o amenazas a la seguridad regional, consolidándose como el «gendarme» natural de Sudamérica y un interlocutor necesario para las potencias del norte.



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