
Rusia, entre el desgaste social y la decisión de Putin de prolongar la guerra en Ucrania
Encuestas revelan que la mayoría de los ciudadanos rusos desea negociar la paz, mientras el Kremlin mantiene una estrategia militar sin avances decisivos y con crecientes costos humanos y económicos
Moscú, 28 de diciembre de 2025.
A casi cuatro años del inicio de la invasión rusa a Ucrania, el contraste entre la voluntad del Kremlin y el sentir de buena parte de la sociedad rusa se vuelve cada vez más evidente. Mientras el presidente Vladímir Putin insiste en sostener la ofensiva militar, una mayoría de ciudadanos expresa cansancio, frustración y el deseo de que el conflicto llegue a su fin mediante negociaciones.
Testimonios recogidos en Moscú y sus alrededores reflejan un hartazgo generalizado. Soldados que regresan del frente tras meses de combate admiten estar exhaustos, y civiles de distintas generaciones coinciden en que la guerra ha dejado de tener sentido. “Que se termine de una vez, todos estamos agotados”, resume Konstantin, veterano de la Infantería Naval rusa, tras completar un nuevo turno de seis meses en Ucrania.
El desgaste no se limita al frente militar. Según datos del centro sociológico independiente Levada, un 66% de los rusos considera que 2025 fue un “año normal”, pese a la muerte de miles de compatriotas, el estancamiento del frente y el deterioro de la economía. Al mismo tiempo, un 74% sigue apoyando formalmente la invasión, pero solo un 31% respalda continuar la guerra en lugar de negociar la paz, el nivel más bajo desde 2022.
Una guerra larga, costosa y sin avances decisivos
En el terreno militar, Rusia aún no controla plenamente las cuatro regiones ucranianas que se anexionó de forma unilateral en 2022 (Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia). Ciudades clave como Kupiansk o Pokrovsk han sido declaradas “conquistadas” en varias ocasiones, aunque la resistencia ucraniana persiste y el frente apenas se mueve, a costa de enormes bajas humanas.
El impacto económico también es creciente. La inflación supera los salarios, sectores industriales estratégicos han colapsado en varias regiones y el gasto militar absorbe recursos equivalentes a los presupuestos anuales de decenas de territorios rusos. Las funerarias incrementaron su facturación más de un 20% respecto a 2024, mientras el Estado reduce la publicación de estadísticas sensibles, como datos sanitarios y de mortalidad.
El poder de Putin y la ausencia de una oposición visible
A pesar del cansancio social, el sistema político ruso dificulta la canalización del descontento. Con una aprobación cercana al 85%, Putin sigue siendo percibido como el árbitro final de cualquier decisión estratégica. La protesta pública es escasa y la mayoría de los ciudadanos evita la confrontación directa con el poder.
El politólogo Andrei Kolesnikov describe una sociedad fragmentada: una minoría abiertamente opositora, otra ultranacionalista y una mayoría pasiva que acepta las decisiones del Kremlin mientras no alteren de forma extrema su vida cotidiana. En ese contexto, incluso quienes desean la paz suelen evitar criticar abiertamente la guerra.
Los partidos que promueven un alto el fuego, como Yabloko, denuncian un aumento de la presión política y judicial a medida que crece el apoyo social a una tregua sin condiciones previas. Su dirigencia sostiene que hasta un 60% de la población respaldaría un acuerdo inmediato, pero reconoce que solo una fracción mínima estaría dispuesta a movilizarse activamente.
Un deseo extendido de cierre, frente a una guerra convertida en rutina de poder
Paradójicamente, mientras gran parte de la población aspira a que 2026 marque el final del conflicto, Putin ha llegado a admitir que la estabilidad le resulta “aburrida”, una declaración que refuerza la idea de que la guerra se ha integrado a su forma de gobernar.
Así, Rusia entra en un nuevo año con una sociedad fatigada, una élite política también desgastada y una ofensiva militar que no logra cumplir sus objetivos iniciales. Entre el silencio, la resignación y el temor a represalias, el deseo de paz existe, pero aún carece de una voz capaz de transformar ese sentimiento en una presión real sobre el Kremlin.
Fuentes
- El País – Corresponsalía en Moscú
- Centro Levada de Estudios Sociológicos
- Associated Press (AP)