¡Ay, santo cielo! Menos mal que había una que estaba medio alicaída, y dije, ah, bueno, te regalo esta, porque de todas maneras esa no la iba a usar. Y me puse a pensar, mirando todas esas flores, entre amarillentas, rosadas, rojas, hojas verdes. ¿Cuánta belleza puede despertar una flor en el corazón de una persona? Cuando bajé del tren y comencé a caminar rumbo al edificio por la calle, era la misma cosa.
Miradas, sonrisas, preguntas. Era como si las flores fueran un idioma universal. Los niños.
Me decían, beautiful, it's pretty, I like that flower. Es hermoso, es bonito, me gustan las flores. Un idioma universal que todos entienden, sin necesidad de traducción.
Y en medio de todo eso, empujando ese carrito lleno de flores y plantas, me di cuenta de algo muy importante. La falta de color a nuestras mañanas. La falta de olor a naturaleza en nuestro día a día.